Mientras Jerry (Jack Black) intenta sabotear la planta eléctrica que, según él, le derrite el cerebro, acaba magnetizado y sin querer consigue borrar todas las cintas del anticuado videoclub donde trabaja Mike (Mos Def), su mejor amigo. Para mantener a la escasa clientela, Jerry y Mike deciden realizar un remake de una de las películas en la chatarrería de Jerry. Se quedan asombrados al descubrir que su versión de la película es un auténtico éxito. Mike, Jerry y unos cuantos amigos del vecindario, empiezan a dedicarse a la producción de remakes, desde "Los cazafantasmas" a "King Kong". No sólo consiguen dar un nuevo impulso al videoclub, sino a toda la comunidad.
Un punto de partida tan magistral como el de Rebobine, por favor, solamente podia salir de la cabeza de Michel Gondry. El cineasta francés, autor de la inteligentísima Eternal Sunshine of the Spotless Mind, a la que en España se le hizo un flaco favor, traduciendo el título como Olvidate de mí y haciéndola pasar por una comedia romántica convencional. Aún así, el boca a boca, la convirtió en una película de culto y a su director en uno de esos cineastas en los que se proyectan toda clase de expectativas. Le siguió La ciencia del sueño, que desgraciadamente y pese a partir también de un supuesto originalísimo, pasó sin demasiada pena ni gloria.
Como sus dos trabajos anteriores, Rebobine por favor, también parte de una idea fantástica: hacer remakes de todas las películas de un videoclub que se han borrado. Brillante. Todos nos moríamos de ganas de ver cómo el genial Gondry habría desarrollado ése argumento. Porque, la verdad, no resultaba nada fácil hacer avanzar con credibilidad tal punto de partida y salir más o menos airoso.
Para analizar con objetividad Rebobine por favor, hay que tener en cuenta dos aspectos: el primero y, según por donde se mire, más importante es la forma como Gondry conecta las distintas partes de este divertimento. El segundo es el puro divertimento en sí. Mientras que en el primer nivel se le pueden reprochar ciertas inconsistencias de guión o fallos en el desarrollo de los personajes, en el segundo nivel, el de los remakes que constituyen la verdadera esencia gamberrística de la película, el espectador disfruta tanto que llega a perdonarle a Gondry los trompicones guionísticos al entender que éstos están plenamente al servicio de la parte más freak y divertida del film.
Parece que Gondry va soltando el lastre de cierta responsabilidad con las formas convencionales del cine para crear películas que en ciertos momentos rozan el surrealismo más absoluto y, aunque al resultado se le pueda reprochar cierta irregularidad, no cabe duda que, de momento, el conjunto de la obra del francés es un soplo de aire fresco y una apuesta por la no convencionalidad.
Michel Gondry ha hecho una película para cinéfilos, ambientada en un videoclub tronado y viejo que guarda en sus estanterías no grandes obras del séptimo arte, sino películas que han quedado para siempre en la memoria de una generación que prácticamente ha crecido con ellas, desde Carrie, hasta Paseando a Miss Daisy ( impagable!) y que dotan al conjunto del film de una pátina de cierta nostalgia, sacando punta a la parte más casposa de ciertas películas que hará las delicias de todos los que hace unos años, paseaban entre los estantes del videoclub de su barrio, buscando Los Cazafantasmas.