FECHA DE PUBLICACIÓN: 2008-03-13
AUTOR: César Luquero
Inconformismo, sinceridad y continua reinvención son los materiales manejados por Travolta en Manual de Redención, un segundo largo que depura la recoleta e íntima propuesta que el grupo manchego defendió en su primer envite.
Más orientado al sonido de guitarras, generoso en arreglos, introspectivo aunque atravesado por una agradecida empatía…el nuevo disco de Travolta reclama atención y tiempo para ser desentrañado en toda su extensión, pero merece la pena el esfuerzo. En estas diez nuevas canciones, Joaquín Pascual (Ayora, 1964) vacía el cargador de las emociones intentando trascender el mero alivio existencial. Quiere establecer un diálogo, un cambio de impresiones con el oyente, que se reconocerá en buena parte de estos surcos. Poco antes de que el álbum llegue a las tiendas, nos ayuda a comprender un poco mejor las motivaciones que han puesto en marcha la compleja maquinaria emocional que Travolta es a día de hoy.
“Manual de redención” es lo más parecido a un purgante que quepa imaginar. ¿Estás de acuerdo?
Desde el principio, intenté hacer canciones que contuviesen un cierto espíritu redentor, que contasen historias de pequeñas redenciones diarias; historias de pequeñas salvaciones y de limpieza que no fueran necesariamente parecidas en cuanto a sonido y estética. Quería que todas ellas tendiesen la mano, tanto a mí como a los demás. Quería crear sensaciones universales.
¿Estas canciones son autobiográficas?
No tiene por qué, aunque la mayoría de cosas que cuento en el disco sí me han sucedido o las he visto muy de cerca. Cuando estaba haciendo el disco, traté de que no fuera así, quería trasladar el disco fuera de mí, que no fuera tan personal. Pero es muy complicado.
Desde el principio, intenté hacer canciones que contuviesen un cierto espíritu redentor, que contasen historias de pequeñas redenciones diarias
Siendo un disco tan personal, ¿has tenido que recurrir al pudor para no quedar excesivamente expuesto?
No creas, hace tiempo que ya no siento ese pudor. Me ha venido bien hacer este disco. Es purificador. Canciones como “Un buen hombre” o “Esta canción nos salvó” o “En el río aquel” hablan de cosas que siempre he tenido ahí; hasta ahora no las había compartido aunque estaba convencido de que lo que cuento no es algo que sienta yo exclusivamente. Creo que son sensaciones universales que todos hemos tenido. Al menos quiero creerlo así. No todas las canciones van a coincidir con el resto de la gente, pero estoy seguro de que alguna, como “Esta canción nos salvó”, sí. Y creo que “Un buen hombre” también: muchos queremos demostrar que somos buenas personas aunque la mayoría de las veces no lo podamos conseguir.
En “Esta canción nos salvó” subrayas que las canciones siempre están ahí y quedan para siempre…
Y es así, ¿no?
Claro, pero no está de más recordarlo teniendo en cuenta el contexto en que vivimos, donde las canciones nos asaltan allá por donde pasamos.
Sí, pero las que nos importan de verdad quedan ahí para el recuerdo. Siempre te acompañan. Creo que es imposible que no suceda.
En “Hoy tengo ganas de verte” parece que presentas la amistad como una fuerza mayor incluso a la del amor.
En algunos momentos puede ser que sí; es una canción de resaca, de la soledad de los domingos, de lo bonito que es encontrarte con un amigo y que el día de un vuelco repentino.
En esa canción pareces dar a entender que en el pasado pudiste ser orgulloso o desconsiderado con algún amigo.
¡No jodas! Es posible, es posible. Creo que eso también forma parte del pequeño manual de cosas buenas que intenta transmitir este disco. Ahí está la necesidad del cariño que sólo los amigos te pueden dar, aunque no es una canción para pedir perdón, no creo que me haya portado muy mal con mis amigos, la verdad. Necesitar a los amigos es bonito, y en un momento determinado cualquier amigo que se acerque a ti es de agradecer.
Creo que la gente a la que le gustaba Mercromina sigue interesada en nuestra música, porque ve cierta continuidad
¿Y el “ahí os quedáis” de “La Brisa del Mundo”?
Esa no es una canción que hable a los amigos, sino del mundo en general, que es tan extraño. A veces te absorbe y te lleva a sitios donde no quieres estar; también habla de soledad, de recogimiento. Necesitar amistad y recogimiento no es incompatible, porque todos necesitamos escapar de la agitación extraña en que vivimos.
“En el río aquel”, es el reverso tenebroso de “El río”, de Miguel Ríos.
Es verdad, el título es un guiño gracioso aunque la canción no lo sea. Estaba obsesionado con la salvación y la limpieza, empecé a buscar en mí mismo y quería hablar de esa sensación que te lleva a pensar que vas a morir. No fue agradable escribirla, me costó bastante, porque tenía que recordar algunas cosas tenebrosas.
Al fin y al cabo, la única certeza que tenemos es la de la muerte.
En esta y en “Cuando el sol se va” quería hablar de la muerte, algo que no me hace sentir cómodo, al menos de momento. Ha sido una primera aproximación y no me he sentido tan mal. Me ha sentado bien componer esas canciones y he sentido una espiritualidad mayor de la que esperaba. Tampoco tenía muy claro incluir “En el río aquel” en el disco, pero poco a poco fue tomando una fuerza especial y me di cuenta de que hacía falta que estuviera.
“Un buen hombre” es un comienzo inmejorable para cualquier disco.
Siempre me ha gustado mucho. Es una confesión a mi familia, a seres pequeños como mi hija e incluso a otras personas que no me conocen tan bien. Quiero que me vean como soy, esa batalla interior existe. La gente se ha identificado con ella desde el principio, les ha resultado cercana, por eso está la primera.
Los solos de guitarra de esa canción me han recordado a Luna…
Tienen un punto space rock, quería que fueran rocker, en plan rock de los cincuenta.
Y “Cosas grandes y pequeñas” mezcla lo popular y lo infantil. ¿Ha influido en ello tu condición de docente?
El otro día, Cristina Plaza de Clovis me dijo que se imaginaba a unos padres con sus hijos cantándola en el coche. Quizá sea deformación profesional…es posible. Desde el principio, me apetecía meter muchos coros en el disco, porque pensaba que eso acercaría las canciones al público. He estado haciendo música para el Festival de Cine de Albacete y trabajando con una coral.
“La brisa del mundo” y “Esta canción nos salvó” son más arriesgadas.
Para mí, “La brisa del mundo” es la más sobrecogedora del disco. Fue la que más me costó porque tenía verdadera fijación con ella, casi de forma obsesiva. Era una apuesta especial. “Esta canción nos salvó” recuerda a los años cincuenta, pero eso es un guiño, un acercamiento puntual a un determinado tipo de música que no es estrictamente el tuyo.
Carlos Cuevas y tú sois los veteranos en Travolta, mientras que Ana Galletero, Francisco Cuerda y José María Castillo son los jóvenes. ¿Notas que llegáis a la misma gente que os sigue desde Surfin’ Bichos o crees que se incorpora nuevo público?
Es un poco pronto todavía para valorarlo. Hicimos el primer disco y una pequeña gira poco después de que se terminara Mercromina y la reunión de Surfin’ Bichos. Ahora, muy rápido, sacamos éste. Creo que la gente a la que le gustaba Mercromina sigue interesada en nuestra música, porque ve cierta continuidad. Pero tampoco estoy muy seguro, porque supongo que también habrá gente que se enganche con este disco.
¿Qué os apetece hacer ahora?
Pues tocar en salas, sobre todo. Y también ir a algún festival este verano. Después seguiremos con la gira, aunque me gustaría hacer conciertos acústicos con Ana Galletero. Ya lo he probado y me apetece repetir, porque es muy gratificante; me gustó mucho y me siento bien para hacerlo.