Ya decía Alfred Hitchcock algo así como que trabajar con niños actores era desaconsejable por chunguísimo. Los ejemplos de repelencia por parte de críos en películas son innumerables pero una de mis teorías de bar es que eso, cuando entra la música, aún se supera para peor. Sólo hay que ver películas más o menos recientes como "Los chicos del coro" (ya mejor ni hablar de clásicos como "Sonrisas y lágrimas" o "Mary Poppins") para comprobarlo más gráficamente. Por no hablar de la eterna lacra de niños prodigio que, con Joselito por bandera, tanto hemos tenido que sufrir.
Los ejemplos de repelencia por parte de críos en películas son innumerables, pero cuando entra la música, aún se supera para peor
Una vez ponía ideas en común sobre esto con un colega de la prensa musical, aún más radical que yo. "Es que poner a un niño a cantar es antinatural", sostenía él con airada vehemencia y mucha gracia. No fui yo, desde luego, quien se lo discutió. El caso es que voy a centrar el Gueto de hoy en las excepciones. Aparte de algunos discos infantiles (cantados por niños) bien majos pero que en realidad son una especie de experimento pop con buen gusto: desde Hunky Dory o Langley Schools Music Project hasta los más que simpáticos Tiny Masters Of Today, mi idea es que las voces infantiles alcanzan su mayor impacto en el rock (como tantas cosas en el rock, en realidad) en cuanto subvierten lo que se espera de ellas. Normalmente, un coro de niños se utiliza en plan moñas, para dotar de cierta ternura o inocencia a una composición y despertar sentimientos angelicales. Casi siempre, con bastante crueldad por detrás, ya sea por incurrir en explotación infantil para obtener beneficios, ya sea por establecer prácticas tan salvajes como la castración para preservar la voz en casos como los de los niños cantores de Viena. La voz (y la presencia) infantil obtiene sus cotas más sublimes en el momento en que transmite un genuino mal rollo. Como en "øQuién puede matar a un niño?", "El pueblo de los malditos" o el vídeo de "Come To Daddy" de Chris Cunningham para Aphex Twin.
A continuación, cuatro canciones en las que haber utilizado a niños me parece una gran idea:
-"Panic" (The Smiths). No se puede calificar como otra cosa sino como genialidad el finalizar la canción con un coro de niños gritando el estribillo de "Hang The DJ". Uno se imagina a un centenar de chavales desarrapados de la época de Oliver Twist apedreando, atrapando y linchando al Laurent Garnier de turno mientras Mozza ríe pérfidamente en la sombra.
-"Another Brick In The Wall" (Pink Floyd). Alrededor de 1980, Roger Waters crea el primer gran himno de liberación infantil ante la represión de la educación adulta en la era rock en un tema a caballo entre el psicoanálisis autobiográfico, la asunción del síndrome de Peter Pan y la rebelión del arte y los instintos libres. Las animaciones de Gerald Scarfe -diseñando a esos chicos pálidos para la máquina que parecen judíos en un campo de concentración a punto de ser convertidos en chorizos- para la película de Alan Parker, contribuyen a ac