Bob Dylan - "Subterranean Homesick Blues" / D. A. Pennebaker (1965)
Enmarcado en este titular tan apocalíptico, el videoclip en plano fijo posee a priori todo lo que, en contenido y forma, definiría un producto desechable a nivel comercial dominado por la hiperfragmentación y el estímulo visual efímero. Cuando el videoclip pasa a ser una genialidad a tiempo real sin corte y pega directo a los sentidos entramos en el peculiar mundo del Antivideoclip.
El primer ejemplo de un gran Antivideoclip no podía ser más acertado por lo paradójico del caso, ya que se trata de una secuencia de un documental y no de un videoclip propiamente dicho. En el año 1965, el director D. A. Pennebaker construía para el documental Don’t look back con la figura en plena expansión de Bob Dylan de protagonista indiscutible una de las secuencias más admiradas y recurrentes de la historia de la música moderna. Dylan enseña a cámara una sucesión de carteles con palabras-concepto claves de la letra de Subterranean Homesick Blues. El único punto de atención visual se focaliza en el arrítmico paso de los carteles con alguna palabra expresamente equivocada respecto la letra original. Como anécdota histórica, en segunda término del plano fijo vemos al genio poeta Allen Ginsberg como un vagabundo cualquiera en el callejón frente al The Savoy Hotel en Londres. Simple, rematadamente eficaz y directo al inconsciente colectivo de cualquier aficionado a la música que se precie. Como la secuencia no ha sido pensada ni confeccionada para su disfrute de una manera aislada del resto del documental, el visionado por separado adquiere un valor añadido imposible de sopesar a ciencia cierta. Quizás el mejor ejemplo de un buen Antivideoclip
The Replacements - "Bastards Of Young" / - (1987)
Para muchos un videoclip sin sentido, sin pies ni cabeza, para otros una pieza audiovisual cercana al cinema verité que
resume a las mil maravillas el arte de escuchar música plácidamente. Una toma de un altavoz vibrando con los
graves de la canción va dando paso al resto
de la mini cadena hasta ver parcialmente una habitación de una casa anónima.
Ni la aparición de una persona que se sienta en el sofá a fumar un cigarrito interrumpe el zoom out de la secuencia.
Una creación del año 1985 fuera de cualquier regla dictada por la MTV -poderosa e influyente en la década de los 80-
que va en contra de todo lo establecido. Es tan contundente y arty que ahora estaría en boca de los más modernotes,
pero que en el momento era toda una novedad no mostrar en la escena a la banda tocando o, al menos, el recurso de
utilizar una historia interrelacionada con la letra de la canción. La autoría anónima añade misticismo a la pieza
y razones suficientes para defender el legado de este Antivideoclip anacrónico que acaba convertido en leyenda.
De nuevo un ejemplo brillante que gana adeptos con el tiempo y que defiende toda la fuerza de un mensaje llano
y poderoso: la energía de la música con sus rituales en la privacidad de las cuatro paredes de un hogar que
podría ser el de todos.
Viva Las Vegas - "Automata" / - (2006)
Un Antivideoclip no debería dejar a nadie indiferente y tras su visionado debería abrir más enigmas y preguntas que antes de verlo. En este caso el interrogante más evidente que requema por dentro al espectador es: ¿Hemos visto lo que hemos visto?
El mejor ejemplo de Antivideoclip español es obra del gran Ramón Lluís Bande, maestro de la rotundidad
escenográfica en su máxima expresión. Un buen Antivideoclip debe ser y es, ante todo, una buena película
musical trate el tema que trate. Es el caso de Autómata, un hombre que decide suicidarse dentro de su coche
en plano fijo. Con una fuerza extraordinaria, alentada también por la fotografía algo descolorida y rodado
en vídeo, queda grabado en la retina para siempre. Cercano al lenguaje cinematográfico y anteponiendo la
autoría al producto como bien de consumo, la acción sigue su curso sin pausa pero sin prisa desde una posición
privilegiada como observador pasivo que observa sin filtro alguno la crudeza de una muerte voluntaria.
Cat Power - "The Greatest" / - (2006)
Que le cuenten a los hermanos Cohen el poder alegórico de una típica bolera americana. Lejos de las chifladuras de El Gran Lebowsky, el videoclip de Cat Power cumple con otro requisito imprescindible de un buen Antivideoclip: aparentemente no pasa nada, pero solo aparentemente. Los primeros segundos el espectador solo ve un devenir de personar enfrascadas en derribar como más bolos mejor. Y lo de verlo a medias porque el plano tan solo capta el tiro de la bola de las diferentes pistas de la bolera. Con el paso de la grabación y el ensamble con la canción de Chan Marshall el movimiento fortuito de la gente por el recinto pasa a ser un baile estético y curioso.
Poética de la nada, esto es un Antivideoclip de tomo y lomo sin pretensión alguna.
Matt Elliott - "The Kursk" / Sandrine Romet Lemonne (2006)
Sin saberlo, el músico noruego Tommy Jansen alias Elegi me recomendaba fervientemente el visionado del
Antivideoclip en homenaje al hundimiento del submarino ruso Kursk con un tema original de Matt Eliott.
La directora Sandrine Romet Lemonne quería mostrar un hecho real fatídico que conmocionó a toda la suciedad rusa y se sirvió de un tema musical de Matt Eliott como banda sonora para ensalzar aún más la angustia en el espectador. Un videoclip que se convierte en Antivideoclip al ponerse al servicio de un hecho noticiable y no al revés. La crudeza del mensaje aumenta – y de qué manera – con la grabación a tiempo real con lo que se gana empatía con el marinero adormecido. La subida sosegada del nivel del agua dentro de un camarote con un marinero durmiendo, una bombilla intermitente, las figuras sombrías de una mujer que se crean ilusoriamente en las aguas turbias y, sobretodo, el final inevitable son las marcas de identidad de un Antivideoclip con áurea fantasmal.
Bright Eyes - "First Day of My Life" / John Cameron Mitchell (2006)
¿Un Antivideoclip puede ser emotivo hasta el punto de hacerte soltar
alguna lagrimilla inesperada? Después de cuatro planos iniciales por corte se suceden una serie de planos medios de
personas sentadas en un mismo sofá que escuchan con auriculares una canción que a su vez es la misma que está oyendo
el espectador. No hay más historia que las caras de la gente
escuchando los diferentes pasajes del tema de Bright Eyes, el juego de seguir el mano a mano entre vídeo y música es
la única coartada que asegura sonrisas y lágrimas. Pocos videoclips se humanizan hasta tal punto que pasan a ser
reindicados des de esferas lejanas al mundo del audiovisual musical. John Cameron Mitchell dirige con sabiduría una
grabación que lo que justamente requería era la no dirección, la no intervención. Menos es más.
Deerhunter - "Strange Lights" / - (2006)
Por imposible que parezca, si algún rostro supera en matices la controversia facial de Thom Yorke es el de Bradford Cox.
Una cara mirando fijamente al objetivo de la cámara, un juego de luces y el poder sugestivo de una buena canción.
Nada más. Cuando un cantante del que se han escrito muchas líneas por la enfermedad que padece y las secuelas en su
cuerpo y evidentemente en su rostro no hay nada mejor que “reírse” de todo esto con un Antivideoclip. Si el rostro es
el reflejo del alma, la del líder de Deerhunter y Atlas Sound es tal y como nos temíamos muchos, de mil y un colores
fosforescentes y chillones.
Deerhunter - "Estrella de David" / Lluís Cerveró (2007)
Si una canción ya de por si es una anticanción en toda regla, resulta improbable que el videoclip defraude y, sin duda, pasa a estar condenado al mundo del Antivideoclip. El nuevo proyecto del inestimable David Rodríguez, líder del grupo catalán Beef, deja en manos de Lluís Cerveró un sincero retrato de las grandezas y las debilidades de un cantante. Una mala respuesta de un espejo deforme. Grabado en exteriores con unas tonalidades amarillentas y verdosas (apresa los últimos destellos de luz de un día que se acaba) consigue trasladar la sensación de vacío absoluto, de inconexión a partir de las deformidades de la voz. Parece imposible ubicar un personaje que está y no está como si la historia no fuera con él. Los mínimos movimientos de cámara están al acecho de nuevas composiciones espaciales y capturan a la perfección un entorno inhóspito casi marciano. Hasta el radiocasette que sujeta con la mano derecha parece un objeto no identificado.